La silla vacía

La pregunta me la formuló un compañero de una empresa donde trabajé. Un amigable asistente de contaduría que, fuera del laburo, le llevaba las cuentas a varios bares. Fue quien me enseñó, siempre generoso y predispuesto, muchos secretos de boliches de Buenos Aires. Observaste que en el Británico siempre hay una mesa vacía con una sola silla, me interpeló mientras revisaba unos papeles que tuve que reunir a pedido de una auditoría interna. La historia la manejaban José, Pepe y Manolo que estuvieron al frente del bar desde mitad del siglo pasado hasta inicios del presente. Y alcancé a confirmarla con los tres. Cuenta que un catalán de Tarragona, apellidado Braun, vino a recalar a un conventillo de San Telmo huyendo de la Guerra Civil. La rápida fuga lo obligó a separarse de un gran amor. Aquí se empleó en el Archivo General de la Armada (Bolívar y Caseros) y comenzó a frecuentar el Bar Británico cuyo verdadero nombre era La cosechera, pero rebautizado por la numerosa visita de empleados anglosajones del Ferrocarril del Sud. El catalán, todavía temeroso, aprovechó su empleo, la historia del vecindario y su casual homonimia, para apodarse: el Almirante Braun (que nadie vería cómo se escribía). La mesa con la silla vacía que viene a cuento la reservaba el Almirante, pagando el equivalente al producido de un día, a la espera de su pareja. En una carta transatlántica sin remitente le indicaba que al llegar lo esperara en el Británico. Él pasaría todos los días en su búsqueda.  

Cuando los tres gallegos mencionados se hicieron cargo del bar en los ’60 el Almirante Braun hacía rato que había dejado de pasar por la esquina de Brasil y Defensa. Tampoco pudieron constatar el arribo del gran amor. Se apropiaron de una tradición heredada y mantuvieron la mesa con su silla vacía. Sabían muy bien que en su país, por muchos años, ser judío y homosexual significaba un final trágico.

Al concluir con la anécdota mi compañero contable agregó: una silla vacía siempre equivale a un amor no correspondido. Y se levantó para retirarse dejando el asiento girando frente a mi escritorio.

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