Bar El Federal. De tahúres y arco iris.

Me habían hablado de él, pero no quise conocerlo sin motivo. Hasta que lo obtuve. Caminando por el malecón del Riachuelo, justo después de la curva de Badaracco, encontré una carta. Ahora sí. Ya estaba listo.

El encuentro fue en El Federal, el viejo bar de Perú y Carlos Calvo. Me recibió en la barra. Donde atiende las consultas. Porque Iván no mira a los ojos de su interlocutor. Hay que sentarse a su lado y mantener la charla atendiendo hacia el frente. Me presenté y, luego de un breve intercambio de palabras, le pasé la carta. Iván es un lector de cartas o naipes encontradas en la calle. Se autodefine como starostista spinetteano. No soy tarotista, afirma contundente. Toma el concepto de líder que la cultura eslava (como la suya) le asigna a la palabra “starosta” para ejercerlo sobre personas frágiles y vulnerables (como El idiota de la canción de Spinetta).

Siempre me pregunté por qué se encuentran tiradas cartas de a una. Nunca dos. O un puñado. Qué hace que la gente pierda solo una. Iván sostiene que no están perdidos. Que se lo deja adrede. Las personas solas no pueden permitirse resolver un solitario. Tienen que fallar siempre para proponerse un nuevo intento sin el vacío que provoca el logro. De ahí que van tirando cartas para que no les funcione. Iván usa el arco de la barra del Federal de arco iris donde establece puentes con almas débiles. Ahora observa mi carta y me estremezco. Es un as de pique. Gracias por devolverla, me dice mientras la guarda dentro de un mazo. Sabía que me estabas buscando, conozco tu recorrido y la dejé para que vengas a mí, agregó monocorde este tahúr de boliche porteño. Muchas interpretaciones adjudican al as de pique una carga negativa. Una fractura emocional, una gran tristeza o la propia muerte. Iván sabía que me ocuparía en averiguarlo. Tanto que reconoció mi coraje para enfrentar y aceptar mi destino yendo a verlo. (Creo, luego del encuentro, que fue una patraña para que lo cuente).

Salí del bar. Buenos Aires estaba más furiosa que nunca. Ya tenía mi lección aprobada como para enfrentar una tormenta perfecta. Y me largué a caminar.

Ilustración: @cantinilucio

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