Otro octubre

El casamiento fue sinónimo de organización. La novia era de Barracas. Él, casi que también. Oriundo de Llavallol laburaba de lunes a sábado en el Mercado de Pescado. A través de relaciones habían conseguido irse a vivir a dos piezas de un caserón por Goncalvez Díaz y Villarino. No les sobraba un sope para la fiesta. Fueron compañeros de su misma tribu quienes se acercaron a la esquina de Suárez y Arcamendia para reservar toda la fonda. La Flor de Barracas serviría de salón de fiesta. Repartieron tareas. Bebida, comida, música, atención de las mesas, todo estaba pensado. Los prometidos sólo tenían que poner las ganas de casarse. Las mesas ocuparían los dos salones. Al Bar (fig. 1) irían los novios y los más íntimos. Al Salón Villoldo (fig. 2), demás parientes y compañeros. El Patio Arolas quedaría para el baile, las ligas, el ramo y la torta. Todo debía salir perfecto. Nada podía fallar. Las ubicaciones y dinámica general estaban muy bien estudiadas. Quienes estuvieron a cargo de la comunicación e información al resto tuvieron menuda tarea en tiempos sin telefonía móvil ni redes sociales. Esa mañana desde temprano se estuvieron dando los últimos retoques a los arreglos de los salones. Ya todo estaba listo. Los invitados fueron llegando y ocupando sus lugares. La expectativa crecía. De pronto, a la hora convenida, un brazo en el alto en el medio de la calle fue la señal esperada por los novios, que daban vuelta arriba de un 4L, para poder entrar. De lejos comenzaron a oírse sirenas de patrulleros y autos sin patentes oficiales que frenaron en la puerta del boliche cortando la circulación de Suárez. De su interior bajaron decenas de personas armadas junto a uniformados que irrumpieron violentamente, y sin invitación, en el bar. No encontraron a nadie. La Flor estaba vacía. La maniobra de distracción había resultado un éxito. Los novios clandestinos ya festejaban con todo su grupo en la casaquinta de un compañero en Monte Grande. El hecho ocurrió en octubre de 1977 con la flamante pareja de casados cumpliendo su primer deseo. Que ningún colado les arruine la fiesta.

Ilustración: @cantinilucio

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