Una excursión al Tortoni

Hoy, como cada 26 de octubre, se celebra el Día de los Cafés de Buenos Aires. La fecha recuerda la inauguración de la fachada del Café Tortoni sobre la Av. De Mayo en 1894 (el café ya existía con frente hacia Rivadavia). La oportunidad es buena para repostear la historia de Casimiro. Un habitué del salón que no fue escritor, músico, político, científico ni aristócrata. Un personaje invisibilizado. Un indio.

A principios del siglo XX Rosaura era una joven viuda perteneciente a la clase alta porteña que frecuentaba el Tortoni toda vez que iba de compras a la Casa Wright. Siempre acompañada de Casimiro (nombre visionario), ranquel, prisionero de la Conquista del Desierto. El padre de Rosaura se había hecho de Casimiro, siendo un niño, en las repartijas de esclavos que las familias patricias realizaban para abastecerse de personal doméstico. Y, años más tarde, cedido a su hija para que la asistiese y protegiese en su viudez. A Casimiro el salón plano y dilatado del Tortoni, el pasillo extenso, le recordaba a su pampa. Allí aplicaba su mayor habilidad como ranquel: la vista. Rosaura sabía de esta capacidad y le pedía que le “marcara”, ni bien cruzaban la puerta, cuáles caballeros se le acercaban a la mesa con genuino interés o le escondían sospechosas pretensiones. En la pampa el humo es traicionero. Se ve de lejos. Los indios descubren a la distancia: actitud, semblante y propósitos. Un buen día, mientras observaba una partida de billar parado sobre la silla (como lo haría desde el lomo de su caballo), sintió el fresco que la puerta vaivén traía de la calle. Había ingresado un caballero con una niña de la mano. Casimiro los miró tomándose un segundo de más para luego sentarse. Como toda respuesta afirmativa bajó la vista llevando su quijada al pecho.

(El negacionismo de una clase dominante nunca permitió que esta historia se popularice. A mí me fue narrada, luego de atravesar el cruce del desierto, por Jacinto dueño del acogedor hospedaje de ruta en las afueras de Santa Rosa, La Pampa, y nieto de la relación que Casimiro inició con la niña que marcó esa mañana en el Tortoni).

Ilustración: @cantinilucio

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