Esperando a Carusoni. Temporada 1:Ep. 1

PERDIDOS EN EL TOKIO

Este es el último martes al que me comprometo a publicar un relato. Nuevos proyectos me ocupan. Seguiré contando historias sin fecha predeterminada. Por eso hoy me extenderé un poco más. Lo que viene tiene que ver con Carusoni. A quien no conocí nunca. Nunca. En 2000 fuimos compañeros de un programa de radio que jamás sucedió. Me lo había presentado un amigo en común: Pete. Presentar no significa que hayamos estado en presencia de. Fue una presentación telefónica cuando los teléfonos móviles brindaban el mismo servicio que los aparatos originales, pero sin cable. Fueron muchas charlas telefónicas. Porque siempre existía un impedimento para encontrarse. Pete insistía que teníamos intereses parecidos y que generaríamos un contrapunto rico y atrayente para un programa que hablara sobre cafés y Buenos Aires. Así fue que gestioné en diferentes radios truchas espacios donde ponernos a práctica. En una oportunidad fue en una FM en Ezeiza. Otra en Lomas de Zamora. Carusoni no vino a ninguno y me las arreglé sólo pasando música y monologando sobre el contenido de la nada. No teníamos acordado ni el título del programa. Un buen día Carusoni me llama excitado para decirme que había logrado un contacto en Japón que solventaría la producción y salida al aire. El programa se trasmitiría los mediodías desde Buenos Aires para ser escuchado en vivo a la medianoche japonesa. ¡Genial, gritaba del otro lado de la línea, no tenemos que laburar de noche! Pasaríamos tangos y charlaríamos como si estuviésemos de madrugada. Nunca explicó cómo nos entenderían el castellano. Ese parecía un dato menor. Para ir embebiéndonos en el tema me citaba semanalmente en el Café El Tokio, en la esquina homónima y Álvarez Jonte de Villa Santa Rita. Me recomendaba sitios donde comer sushi y terminaba toda comunicación telefónica cantando la canción en japonés del gordo Casero. Carusoni incluso había empezado a dormir a media mañana siestas niponas de veinte minutos para sentirse fresco a la hora de emitir el programa nocturno, que para nosotros sería el mediodía. Era un pavo importante. Por ese entonces acercarme hasta Villa Santa Rita me resultaba tan a trasmano como si no reuniéramos en Tokio ciudad. Sin embargo, di presente en cada encuentro frustrados con Carusoni que estrenaba los más originales y creíbles argumentos que justificaban su ausencia. A las pocas semanas me volvió a llamar para decirme que tenía todo arreglado para viajar a Japón a cerrar trato y que, a su vuelta, que sería a los pocos días, vos sabés cómo están los yenes me confiaba como si estuviese cuidando rigurosamente el dinero de una sociedad que no habíamos acordado crear, largábamos con el programa. No volvió más. Mi amigo Pete tampoco supo de él. Preocupados fuimos a la policía en busca de su paradero. Efectivamente, había salido de Ezeiza sin registro de un posterior ingreso al país. En el intento, al menos, obtuve una foto de su documento. Un par de años más tarde, cuando el Mundial de Japón, miraba atentamente cada vez que enfocaban la hinchada argentina intentando ubicarlo. Pasó el tiempo y este 2020, los Juegos Olímpicos de Tokio me refrescaron el proyecto inconcluso. Luego sucedieron los festejos por el Centenario de la Radio y volvieron los recuerdos y las ganas. Lo bueno es que la radio no pasó de moda y sigue vigente. Y que el programa todavía tiene chance de realizarse. Por lo pronto ya tiene nombre: Esperando a Carusoni.

Ilustración: @cantinilucio

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