Filosofía barata y medialuna de grasa

Hace unos días, a partir que se pudo, me fui al Bar El Progreso a tomar café. Llevaba la Revista Ñ de lectura. Una nota escrita por Federico Romani en la sección Ideas me atrapó. Eran una serie de apuntes del filósofo coreano Byung-Chul Han sobre su reciente libro, pero que aplicaban también a la coyuntura pandémica. Represéntense la escena. Bar El Progreso, un Notable, abierto en 1942. Barrio: Barracas. El salón donde se filmaron decenas de películas y cortos publicitarios. En la mesa mi café, una medialuna y la revista (los resaltados y comentarios en birome fueron posteriores porque en ese momento no tenía los elementos).

El primer párrafo dice que dice Han: Como acciones simbólicas, los ritos están atravesados por los valores y los sentimientos que cohesionan una comunidad. En esa simbología descansa la tradición, se asienta un saber fijado por el tiempo, se transparenta la “duración” de una idea transmitida a través de años, de las épocas, de las generaciones.

Me dije, pucha el coreano me está hablando a mí, en este momento y en este café. Habló de rito, tradición, valores, comunidad, saber, épocas y generaciones. Tomé un sorbo del café y seguí:

Si la base del ritual es, precisamente, la repetición (de un gesto, de un movimiento, de una actitud) la lógica de la crisis permanente que alimenta la existencia contemporánea -donde la tiranía nos empuja hacia adelante sin piedad- no puede ser más enemiga de ese tipo de detención en los lugares y en las cosas.

Con esta idea de que el ritual es repetición que choca contra una crisis permanente (que no es solo económica) y actúa como enemigo de la detención en los lugares (como por ejemplo El Progreso de Barracas) se me representó el esfuerzo de nuestros viejos bares por sobrevivir, ya no en la pandemia, sino en la existencia contemporánea. Porque si bien el ritual de ir al café se mantiene con el paso del tiempo, es éste quien vive en constante cambio. Aquí es donde observo muchas carencias en los intentos desde el Estado local en su lucha por el sostenimiento de estos espacios. La categoría de Bares y Cafés Notables no pudo evitar el cierre de decenas desde el mismísimo primer listado. Ni tampoco con el engrosamiento posterior de la lista (sobre este tema tengo muchas otras reflexiones y aportes, pero no serán parte de esta entrega). ¿Y por qué la política habría de redoblar los esfuerzos por conservarlos abiertos?

Sigue Han: practicar un ritual es instalarse, construir en el tiempo el mismo tipo de refugio que representa un “hogar”. Aquí el periodista para reforzar el concepto cita a Roland Barthes: la ceremonia protege como una casa. No pude contener el deseo de sumar un humilde aporte a la causa recordando a nuestro filósofo barato Enrique Santos Discépolo: si sos lo único en la vida que se pareció a mi vieja. Seguí con la lectura atrincherado en mi mesa-hogareña-vientre-materno de café. Cada párrafo nuevo resultaba más rico que el anterior (como los mordiscos a la medialuna que intentaba estirar para cuidar mi colesterol). Mi conversación filosófica continuaba a través del texto, agregaba valor a mi ritual, a la búsqueda por lo auténtico, por la detención en genuinos “hogares” construidos a partir de historias de vida. Sostenía el asiático, desde el momento en que lo económico colonizó lo estético, el ser humano fue obligado a percibir de manera “serial” y, por lo tanto, privado del concepto de “duración” inherente al disfrute (…) la compulsión por la novedad que domina la fábrica de gustos y tendencias contemporáneas nos ha injertado algorítmicamente una fobia hacia la repetición. Alto aquí, este es el punto. Muchos viejos cafés se vieron “tentados a modernizar” su imagen colonizados que estaban por los cambios en los materiales (materiales según Llorens Prats, pero no me extenderé hoy sobre esto) utilizados en las nuevas espacios que se abrían. Así fue que perdieron la magia acumulada durante años. Esa que invitaba al reposo y contención. Pero, también, interrumpieron una narración construida en el tiempo borrando su historia para convertirse en novedades. La novedad, según Han, que genera aversión al goce por lo repetido. Otros legendarios bares se vieron obligados a reconvertirse en novedosas franquicias para captar a ese público ávido de cambios. Este hecho, explicaría que hermosos cafés estén vacíos cuando a pocos metros existen franquicias que llenan sus mesas. Lo que sí expresan estas propuestas “repetidas” es una iterada narración vacía de contenido, sin pasado ni presente ni futuro que se replica por toda Buenos Aires.

En la nota Romani también menciona a Arendt, Kierkegaard, Heiddeger, Hegel, Foucault, Marx. De pronto, me encontré frente a diferentes pensamientos a ser recorridos y analizados. Los transitaré en futuras entregas. La “novedosa” sección se llamará: Filosofía barata y medialuna de grasa. Quizás atraiga numerosas lecturas. Para el final les dejo una última reflexión del coreano (o del periodista) sobre los tiempos modernos: el frenesí de consumo de series de TV es apenas uno de los numerosos signos que confirman esa tendencia a la novedad permanente, ese hambre por la quema de novedades que elimina cualquier posibilidad de revisión o vuelta atrás. No cuenten conmigo. Me pedí un segundo café.

(Lee la nota completa a Byung-Chul Han cliqueando AQUÍ)

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