Esperando a Carusoni. Temporada 1:Ep. 6

TERAPIA ZEN

Ustedes se preguntarán si alguna vez traté el tema en terapia. La respuesta es un rotundo: por supuesto. Empecé análisis aproximadamente en el año 5 a.C. (“antes de Carusoni”, mi vida se mide así a partir de ese momento epifánico, hoy, por caso, transcurro el año 20 d.C.). Por entonces estaba en crisis mi primer matrimonio. Andaba necesitando un terapeuta y Pete me recomendó el suyo: Guille (acá ya estamos frente a la presencia de uno de mis patrones de conducta). Según Pete, Guille era el mejor profesional para acompañarme en la pelea (tal era mi voluntad) por sostener la pareja. Al mes me separé definitivamente. Sin embargo, seguí frecuentándolo. Revisé conductas y adquirí el autoconocimiento. Hasta que, tiempo después, apareció Carusoni para convertirse en un personaje omniausente. Carusoni lo invadió todo. Mi entusiasmo ante la inminente salida al aire del programa de radio me convirtió en un ser monotemático. Mi compañero de éter era mencionado en cada encuentro con Guille y su sombra sobrevolaba el consultorio. Imagínense el momento, estaba por hacer el programa de radio sobre barrios y tangos más escuchado en la noche japonesa. Un boom internacional. Con Carusoni ya nos veíamos visitando Tokio, sin entender una palabra del japonés, incomunicados y aburridos en la habitación de un hotel esperando la Gala de entrega de Premios a la Radio equivalente al Martín Fierro nipón. (Poco después sospeché que Carusoni, estando en Japón, le había vendido la idea a Sofía Coppola para el guión de su película sin que me toque un sope).

Los años pasaron. Y la decepción también. Luego de mucho psicoanálisis comprendí que el proyecto, antes de nacer, padecía de neurosis de destino. El concepto “neurosis de destino” es freudiano. Dice Freud que existe una forma de vivir que se caracteriza por el retorno periódico de acontecimientos desgraciados que se repiten. Igual a mis constantes desencuentros con Carusoni. Ese fracaso inexorable que se me presentó como un deseo inconcluso. Y cuanto mayor es el deseo, más profunda es la desilusión. También aprendí en la terapia, con alivio, por cierto, que la tendencia a encontrar obstáculos y dificultades para lograr objetivos escapa a las propias decisiones. Aclaro esto porque ya veo que ustedes estarán pensando que al final de cuentas mi malogrado proyecto con Carusoni responde a mi obstinación al fracaso. Ja. No. De ninguna manera. Hagan el ejercicio de repasar un poco sus acciones. ¿Quién reconoce que no tiene alguna pulsión inconsciente de echarlo todo a perder que lo predispone a desilusiones recurrentes? Vamos. La pampa toda (no me quiero extender a todo el territorio argentino porque me angustia la idea) está sobrepoblada de pesimismo y melancolía tanguera. Un destino que nos acompaña desde la mismísima primera Fundación de Buenos Aires (algún día, en otro texto, volveré sobre este punto, aquí quien nos convoca es Carusoni).  

Lo que anhelo de todo corazón es que siempre tengan mi suerte de encontrar un psicoanalista como Guille para que los acompañe a transitar cada hora de cada día con la angustia de la decepción. Guille fue un sabio. Un día colgó en su consultorio una imagen del Monte Fuji. Al tiempo apareció una pipa antigua japonesa. Más tarde un damura, el amuleto nipón de los propósitos, junto a la ventana. Pensé “este tipo no puede ser tan empático”. Hasta que, al término de una sesión, le pregunté de dónde los había sacado. Ah, me contestó restándole importancia al hecho, me los manda de regalo un amigo de muchos años que se fue a vivir a Japón. Qué casualidad. Increíble. Pensar que me podría haber llevado flor de chasco con solo creer que eran señales que me enviaba Carusoni. O que se conocían con Guille y mantenían un vínculo a mis espaldas. Pero no. Nada de eso me pasó. En la calle me sentí liberado de nuevas frustraciones. Listo. El trabajo estaba hecho. Y no volví más a terapia.

¿Hice bien en dejar? ¿Ustedes qué piensan? ¿Debiera retomar mis encuentros con Guille?

Ilustración: @cantinilucio

#esperandoacarusoni #episodio6 #guille #naceunnuevopersonaje

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