Esperando a Carusoni. Temporada 2: Ep.5

EL DÍA QUE CARUSONI VINO A MI CASA. MIENTO. (PARTE 1)

Contado así, en episodios, pareciera que la omniausencia de Carusoni tiñó por completo mis últimos 20 años. En parte es así. Sin embargo, durante ese período, terminé una Maestría, me capacité en otros saberes, escribí para TV, trabajé para la cultura de la Ciudad de Buenos Aires, manejé un Bar Notable, me mudé cinco veces, etc. O sea, tuve vida sin Carusoni. Y el hecho más trascendente fue que me casé con Gabyn. Sucedió rápidamente. A las pocas semanas de habernos conocido ya convivíamos. Y en un año nos casamos. Todo fue tan veloz que a muchos de nuestros (ahora) amigos en común los conocimos en la mismísima ceremonia. O sea, fue un auténtico choque de planetas. Quiero decir, el de su gente contra el “paquete” Carusoni. Porque a la fiesta no faltó ninguno de los personajes que ustedes ya conocen.  

Era enero de 2004, la economía argentina estaba dando las primeras señales vitales luego de la caída al abismo más profundo, pero todavía estábamos en la lona. Con Gabyn laburábamos todo el día fuera de casa. Ni tiempo de armar nada. Mucho menos pagar. Le pedí entonces a Pete, a la postre un organizador de eventos corporativos, que tomara las riendas de la Fiesta y lo hiciera del modo más económico posible. A Bernie (otro del Grupo Febrero), especialista en RRHH, que consiguiera algún Juez amigo que viniera a casarnos. No teníamos ni un sope soberano. Y la única opción de recibir a muchos era que todo: Ceremonia y Fiesta, se hiciera en nuestro PH de Boedo.

Con Gabyn levantamos la casa por completo y transformamos un pequeño cuartito que hacía de escritorio en un guardamueble. Todo lo metimos allí dentro. Todo. La casa se vació por completo. Sólo pusimos unas mesas altas con banquetas que Gabyn consiguió de canje para ese día. A la hora prometida (fue al mediodía) la casa desbordaba de invitados. El juramento se tomaría en el patio donde habíamos ubicado una mesa, nuestras sillas y unas pocas banquetas plásticas. Todos esperaban expectantes. Hasta el momento el cronograma se había cumplido como planeado. Salvo que el Juez no llegaba.

Los minutos pasaban y el catering (que se lo pagó cada invitado a modo de regalo) comenzaba a complicarse (nuestra heladera era simple, hogareña y ese día la familia se había agrandado a 70 personas) y las bebidas a perder el frío de la bañadera con hielo. Pete iba y venía hacia la calle hablando por teléfono. De pronto lo veo entrar con gesto ganador, me guiña el ojo y me hace ok. Detrás suyo entra Bernie, lo sigue José Luis, quien, reciencito nomás, había conocido haciendo de Carusoni para un juego de roles, y luego Guille. Sí, Guille. ¡Claro que vale decir a quién se le ocurre invitar a su terapeuta a un casamiento! A mí no. Lo explico. Se conoce que el magro presupuesto no alcanzó para pagarle a un Juez de verdad entonces los miembros del Grupo Febrero a cargo de la Fiesta resolvieron acudir a la teoría construccionista social de Guille y encontraron en José Luis al mejor actor disponible para asumir el rol de la Justicia. Justo.

Les pido contextualizar el momento. Yo me encontraba casándome, en mi propia casa, ante la mirada de mis viejos, mis suegros, hermanos de ambos y muchos y muy queridos amigos, todos atentos a la saraza de palabras que José Luis, el Carusoni de reparto (que en esta oportunidad no se parecía a Gila sino al actor Eduardo Blanco en “El hijo de la novia”) exponía de manera monótona, mientras yo observaba que Guille lo seguía moviendo sus labios como hacía López Rega durante los discursos de Isabelita, y entonces, entre todo ese exceso de información, simultaneidad de imágenes, emociones que abarrotaban mis pensamientos, es cuando Gabyn gira su cabeza para dirigirme una mirada de amor a la espera de mi respuesta a la clásica pregunta de si quería aceptarla como esposa, y yo, entonces, también la miro, luego miro decidido al Juez y digo: Sí Carusoni.

CONTINÚA EN PARTE 2.

(Pequeño adelanto: el número vivo programado para el baile en la terraza era Adrián Pinel con Tangat. Agarrensé de las manos)

Ilustración: @cantinilucio

#esperandoacarusoni #T2:E5

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