Esperando a Carusoni. T2:Ep.6

El DÍA QUE CARUSONI VINO A MI CASA. MIENTO. (PARTE 2)

Ocurrido el beso de los novios que sella la ceremonia Gabyn me pregunta: ¿quién es Carusoni? (y llevo 20 años articulando una repuesta). Peor me fue con mi flamante suegra, Betty, católica practicante, que me perseguía por toda la casa para preguntarme lo mismo porque no lo tenía dentro de su santoral. Lo primero que me surgió fue que Carusoni era el Santo de los Novios de Sueglio, el pueblito lombardo de donde provenían los Cantini. Créanlo: cada 21 de enero, para nuestro aniversario, Betty le reza a Carusoni por el bien de nuestro matrimonio. Mal no le está yendo. Ahora Carusoni también es una estampita trucha de San Antonio. Otros corrillos que circulaban eran, y cómo no, la presencia de KGB que se paseaba como geisha misteriosa vistiendo un kimono que le había enviado de regalo Carusoni desde Japón. ¿Era necesario ponérselo ese día? Me expuso a explicar su presencia a cuanto grupete armado hubiera. La reunión fluía. Los invitados entraban y salían al patio o subían a la terraza para observar hacia Pompeya y más allá la inundación. Mi gran preocupación. El pronóstico del tiempo venía anunciando lluvia y vientos huracanados. Con Gabyn lo sabíamos, pero su familia había viajado en auto desde Río Gallegos y no cabía posponerlo. Ni privarnos del show de Tangat, el grupo de Adrián Pinel que cuando conoció la fecha me insistió hasta convencerme de tocar en vivo. Yo lo mantenía enterado de las predicciones. Y cuanto más agoreras más volvía a la carga con lo importante de ese día para la banda (entiendan que con los años descubrí el “yeite” meteorológico de Pinel). También me intranquilizaba la charla entre mi mamá y Guille en un rincón. Me preguntaba qué corno le confesaba. Le hablaba y le hablaba. ¿Mi madre? No, qué va, era Guille que discurseaba más que en sus devoluciones de cada sesión (algún día contaré el resultado de esta cumbre). Cada vez que intentaba acercarme para interrumpirlos me tironeaban ambos consuegros. Me perseguían para que les presente a José Luis, el Carusoni de reparto, San Antonio de Sueglio, y falso Juez a cargo de la Ceremonia. Lo querían felicitar por lo bien que había estado, sus sentidas palabras y toda la confusión que el vino y la emoción provocan, pregunto y me dicen que lo vieron en la terraza, subimos, no estaba, está en la cocina, dice al pasar una camarera, bajamos, ahí tampoco, anda en el cuarto que da a la calle, me asegura Pete atento a toda la Fiesta, vamos, ni noticias, así por toda la casa, hasta que los consuegros agotados abandonan (¡si yo hubiese hecho lo mismo con el original!). En el acto reparo en el inmejorable casting realizado para representar a Carusoni. Bernie, a cargo del personal, me dice al oído: una moza encontró a KGB investigando tu biblioteca, en ese instante desde la terraza gritan ¡¡¡FUEGO FUEGO!!! Subo a los saltos cuando ya estaban apagando una fogata iniciada en la parrilla, entre asustados y curiosos veo moverse al kimono de KGB, estaba acomodando macetas y otros objetos, me acerco, qué hacés, pregunto, tenés mal el feng shui, responde esquiva la espía que lo amó, estoy corrigiendo la orientación de las cosas, en fin, digna novia de Carusoni. (Detalle: años después cuando nos mudamos y hube de guardar mis libros en cajas me di cuenta que faltaban los de Sarmiento: el Facundo, los Viajes y sus Recuerdos de provincia. Ahora sé con qué cosa prendió el fuego). Suena el timbre de calle, ¡¡¡Llegó Tangat!!! grita Pete cuando cae un relámpago que hace temblar la casa. Corro a recibirlos porque se venía el diluvio. Pero Pinel llegaba solo y empapado de un show suspendido en Longchamps, la tormenta viene del sur, dijo, vine para no fallarte, agregó…

Ningún casamiento es relajado. Yo me sentía Peter Sellers en “La fiesta inolvidable” corriendo atrás de los hechos. Finalmente, llegó el momento de la torta, hecha por Betty, que tenía un frente, obvio, para que se luciera en las fotos con cada uno de los grupos, sin embargo, cuando obtuvimos las copias, la torta miraba para otro lado, se ve que KGB había estado ajustando el feng shui. Y al lado de la torta había cds de Tangat a la venta.

Como les conté al inicio de este episodio doble, todo relato de mi vida a partir de Carusoni es un recorte. Y créanme, lo juro, que me quedo re corto.

Ilustración: @cantinilucio

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