Filosofía barata y medialuna de grasa 10

EL ALTAR DE LA PATRIA CAFETERA

En mi económica reflexión N° 3: Misa de 11 (cliquear) me metí en el lado religioso con el que los porteños abrazamos la costumbre de ir al café. Ese ritual litúrgico que nos hace convertir muchas veces en templos sublimes a capillitas anónimas a nuestro paso. La lectura de un artículo periodístico al antropólogo Pablo Semán con motivo de su último libro Vivir la fe, entre el catolicismo y el pentecostalismo, la religiosidad de los sectores populares en la Argentina (Siglo XXI Editores) vino a refrescar mi idea. Pero, en esta oportunidad desde la adoración a “nuevos repertorios simbólicos y nuevos dispositivos de comunicación” como los define Inés Hayes autora de la nota.

Sostiene Semán que “sobre la religiosidad de los sectores populares pesan varios malentendidos. Mirada desde afuera, bajo supuesto de que vivimos en sociedades que ya no creen en ningún tipo de intervención del ‘más allá’ en la vida cotidiana, esa religiosidad aparece asociada a ideas de superstición o ingenuidad en sus manifestaciones de estampas y rezos de tradición familiar, garajes donde se cantan canciones evangélicas, ofrendas en los altares del Gauchito Gil (…) La fe vivida es la interpretación de los creyentes, pero no solo su interpretación tomando a la religión como sistema de ideas sino la fe actuada como recurso vital que implica ideas, emociones, sensaciones que se actualizan en experiencias concretas (…) es muy fácil pero poco válido deducir lo que significa la religión de un documento escrito o de un discurso desgajado de la forma en que el destinatario lo interpreta y lo encarna en la vida real, el que dialoga con sufrimientos y alegrías de los sujetos concretos y sedimenta en una configuración muy heterogénea en cada individuo y en cada barrio (…) la fe vivida es mucho más variada que la fe propuesta por las instituciones o la interpretada por un observador que lee documentos y los correlaciona con la tradición de las iglesias, con los reflejos en los medios de comunicación (…) para buena parte de la sociedad lo sagrado no es algo que está más allá sino que es una fuerza actuando en el aquí y ahora (…) Implica un nivel de realidad y no una fantasía fuera de ella: un nivel de realidad que hace entrar en acción algo que no son cosas, no son seres vivos de la naturaleza, no son seres humanos pero son entidades que se manifiestan per se o a través de esas otras entidades.”

Leyendo estas expresiones del antropólogo recordé viejas fotos que fui tomando a lo largo de mis años de recorridas a cafés (muy populares por cierto muchos de ellos) donde fui observando altarcitos con imágenes religiosas, también paganas, construidos tanto por los propietarios del boliche como por los parroquianos. Pequeños rincones de porteñidad donde detenerse a rogar o, por qué no, pedir un milagro. Aquí también Semán encuentra un hecho distintivo en los barrios populares y su relación con situaciones milagrosas “para muchos de nosotros o para la iglesia católica en su formulación oficial, el milagro es, en la práctica, algo infrecuente, excepcional y e inexplicable. En la perspectiva cosmológica definida, el milagro es frecuente, rutinario y explicativo.”

Adjunto una galería de las fotos que mencioné.

(La nota Radiografía del amor sagrado salió publicada en el N° 927 de la Revista Ñ. Interesados en leerla completa cliqueen AQUÍ)

Hasta la próxima medialuna.

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